domingo, 17 de julio de 2011

CARTAS MARRUECAS II

   Los políticos de un país en vías de desarrollo, quisieron promulgar estos meses atrás una ley por la cuál todo el mundo tuviera derecho a la felicidad. La noticia reavivó el tradicional debate de si el dinero otorga o no la felicidad. Debate totalmente subjetivo, dependiendo del bando en el que te encuentres, supongo.
   Chequi tiene doce años y cuida de su amigo Salah (más pequeño y con parálisis cerebral) con una atención maricial y con un cariño justo pero  más que suficiente. Los dos son enfants de la rue. Sus padres les abandonaron cuando eran bebés. Chequi ha recorrido varias casas de acogida, por lo que, en todas ellas, se le guarda un gran recuerdo y una admiracion imborrable por parte de grandes y pequeños. ¿Qué tal estás? Me saluda en un español parco, pero que le permite comunicarse conmigo de manera muy efectiva. La preocupación de que me encuentre bien en su casa, entre los suyos es el primer esbozo de admiración hacia él,  hacia ellos. Muchos de los niños con los que estoy conviviendo y conociendo estos días fueron abandonados de bebés. No obstante, a pesar de esa pérdida irreparable, nunca les ha faltado el cariño de cuidadores y de hermanos mayores. Ese es el premio, esa es la energía vital, ese es el camino que trazan sus acciones: el cariño.
   No sé si el dinero dará o no la felicidad. Supongo que ayuda. Pero, después de ver la pobreza y abandono en Tetuán, aseguro que es bastante más importante tener alguien a quien amar y que te ame, tener la complicidad de tus amigos, vivir por encontrar esa felicidad junto a unos ojos tan curiosos de vida como los tuyos, encontrar un camino acompañado... que cualquier cantidad de dinero por grande que sea. Eso sí, ese dios de la justicia podría acordarse de estos niños y niñas y devolverles y otorgarles su casa y su futuro. Pero, mientras esa divina providencia regala justicias, bien podíamos los terrenales sumar nuestro pequeño esfuerzo para vaciar el océano de las pobrezas. Por poco que fuera.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Pues si, si todos pusieramos un poquito más de nuestra parte otro gallo cantaría.

un besotee

Vicky