viernes, 22 de julio de 2011

CARTAS MARRUECAS (y III)

      En la Medina, las abejas beben té moruno, muy dulce y  fresco por la hierbabuena. Algunas, borrachas de azúcar, caen dentro del líquido y a duras penas consiguen salir con el susto en las alas. Al turista le incomoda su presencia, pero para el tetuaní son unas compañeras más de la merienda vespertina. Allí donde hay miel, las abejas revolotean y comen, trasmitiendo salud a todo aquello que tocan. Nadie les hace nada, a nadie hacen nada. Ese es el ambiente en la cuidad. A pesar del caos en el que parece vivir, la gente convive en armonía y la amabilidad constituye su seña de identidad. Detrás de cada esquina, más allá de cada calle, por el lado contrario de por donde paseas, hay alguien dispuesto a saludarte en español, a ayudarte en tu pérdida de rumbo, a ofrecerte su arte y sus productos. Si es necesario, te acompañan a tu destino, con la alegría de poder servir de ayuda.
   Una sociedad que cuida y respeta a las abejas es una sociedad viva y con futuro. Aunque parezca estar sumida en el pasado, Tetuán (Marruecos en general) da sensación de futuro, de caminar, despacio, pero con paso constante, hacia un futuro asentado en las costumbres. Es maravilloso encontrarte con tanta artesanía, con tanta gente refugiada en el frescor de las calles estrechas de la medina y de sus sombras en las que se respira. Siempre hay gente comprando, probando o bebiendo ese agua que en todos los puestos y tiendecillas hay para que el viandante refresque sus pasos acalorados.
   A Tetuán le dicen la paloma blanca porque tiene forma de paloma y es toda ella blanca, en sus fachadas y terrazas. Esas terrazas que son el pulmón de los hogares, cuando el sol se va despidiendo tras las montañas. Pero, para mí, es la cuidad enjambre. Ella misma lo parece. Pero, sobre todo, porque las abejas viven alegremente en ella y le relagan la propia vida. Gracias a dios. Bifadl ilaah.

 الحمد لله

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